Quizá la referencia resultará banal, pero me pareció un tanto avasalladora. ¿De pronto necesitar es más importante que querer? Y recordé la frase que una vez me dijo el Oso: ¿me quieres porque me necesitas, o me necesitas porque me quieres?
El viernes pasado fui al cine a ver La princesa y el sapo de Disney para descubrir, entre otras, cosas el "nuevo" concepto de princesa de Disney siendo que al final de cuentas, yo crecí con toda esa ideología del amor "forever and ever".
Para los que no han visto la película permítanme decirles que se centra en la diferencia entre querer y necesitar, con la idea paralela de que los sueños se luchan por alcanzar y no sólo se desean y ya (cuidado princesas no se vayan a desmayar!)
Finalmente, me hizo pensar seriamente en todo. Siempre creí que querer era más importante que necesitar pero recordé a Maslow y todo me cayó en cuenta:
Siempre quise mi propia empresa, lo que realmente necesitaba eran agallas para tener algo propio y fructífero, descubrir que podía hacer algo por mi misma.
Siempre quise tener un noviazgo duradero, lo que realmente necesitaba era estabilidad emocional y aprender a conocer y crecer con las personas.
Siempre quise ser delgada, lo que realmente necesitaba era amor propio y fuerza para luchar por mi misma.
Siempre había querido viajar a Europa, lo que realmente necesitaba era darme cuenta de que la vida no tiene límites para nadie.
Es cierto, si te enfocas en lo que necesitas lograrás eso que deseas, paso por paso y una cosa a la vez; lo complicado será descubrir eso que necesitas porque toda la vida gira en torno de lo que uno quiere.
Quieres dejar de sufrir? Quieres crecer? Quieres tener dinero? Quieres amor? Pregúntate qué necesitas para alcanzarlo por que sin ello, aunque logres tu sueño, éste no será durarero.
domingo, 27 de diciembre de 2009
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Un día sin ir a la escuela, un día sin ir al trabajo.
Una puerta abierta que colaba el frio de la noche por casi tres días y una gripe mal cuidada culminaron en una infección en la garganta posicionándome en casa como cuando pequeña.
Recuerdo cuando era niña, los días sin ir a la escuela eran una excelente oportunidad para ver de corrido tooooooda la programación del Canal 5, veía a mi novio el Gato GC, al Tio Gamboín y a la manos-veloces Cositas (a quien nunca pude seguirle el paso porque nadie me explicó que era para que tomaras nota y lo hicieras después).
Sin embargo, jamás pude lograr mi cometido porque mamá siempre llegaba a darme de comer y le cambiaba a las telenovelas. Al día siguiente cuando regresaba a la escuela todo lo "padre" había pasado: convivio, puntos extras, no llegó un maestro, se cayó Jenny la gorda, hubo clase libre.... agghhh!!
Ayer que estaba en cama aunque me pude parar tarde, mamá me puso a lavar los trastes (con agua calientita para que no me enferme más!), tender mi cama, subir las toallas al sol, ir por mi medicina y mis pendientes de comprar a la Comer, traer los adornos de navidad, pufff... ahora veo que el enemigo está en casa.
En conclusión: no vuelvo a reportarme enferma, la enfermedad con mamá en casa, no vale la pena.
Recuerdo cuando era niña, los días sin ir a la escuela eran una excelente oportunidad para ver de corrido tooooooda la programación del Canal 5, veía a mi novio el Gato GC, al Tio Gamboín y a la manos-veloces Cositas (a quien nunca pude seguirle el paso porque nadie me explicó que era para que tomaras nota y lo hicieras después).
Sin embargo, jamás pude lograr mi cometido porque mamá siempre llegaba a darme de comer y le cambiaba a las telenovelas. Al día siguiente cuando regresaba a la escuela todo lo "padre" había pasado: convivio, puntos extras, no llegó un maestro, se cayó Jenny la gorda, hubo clase libre.... agghhh!!
Ayer que estaba en cama aunque me pude parar tarde, mamá me puso a lavar los trastes (con agua calientita para que no me enferme más!), tender mi cama, subir las toallas al sol, ir por mi medicina y mis pendientes de comprar a la Comer, traer los adornos de navidad, pufff... ahora veo que el enemigo está en casa.
En conclusión: no vuelvo a reportarme enferma, la enfermedad con mamá en casa, no vale la pena.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Algo bueno tuve que haber hecho...
Quizá soy muy joven para hacer un balance como este, de hecho quería bautizar mi blog describiendo el nombre y los componentes del mismo sin embargo el día de hoy me volvió a atrapar la melancolía... Esa que me dio cuando en tan poco tiempo la vida se puso de acuerdo para hacerme ver que había cosas que tenía que arreglar, cosas que quizá había postergado (a quien engaño, sí las postergué, no les di importancia y ahora veo las consecuencias).
Reconozco que No soy un pan de Dios, y últimamente he cometido errores, algunos consensuados. Hace muchos años hice un ejercicio en la preparatoria, esos que son utilizados con los mocosos adolescentes que hacen gala del desorden que los rodea con sus acciones diarias. El ejercicio tenía que ver con enlistar defectos y virtudes, y como es de suponerse la lista de defectos era considerablemente superior a la de virtudes, las dichosas etiquetas que nos hemos pegado conforme pasa el tiempo y que para bien o para mal “forman” nuestra personalidad.
Hoy en día no me animo a hacer la lista, porque sé q mi estado mental no es el más alegre que he tenido, pero pese a ello la lista estaría casi equilibrada, equilibrio es más bien motivado por el amor de otros que me alimentan cada día y que sin que lo sepan me dan temple para levantarme temprano y pensar: ¡ánimo!
La lista será (gracias a Dios) larga, y quizá injusta al no incluir a todos quienes han hecho méritos no por falta de valor, si no por falta de memoria o espacio; pero como escribí en mi tesis: eso me pasa por no comer pasitas, diría mi abuelita.
Mis padres y hermano, incondicionales como yo a ellos.
Mi familia, quienes aparecen sin que los busque y quienes saben quién soy, más de lo que yo misma sé.
Mis mejores amigas: que son realmente una bendición y a veces una incógnita por tan rara que soy. ¿Cómo le hacen para quererme tanto? Saben que es recíproco.
Mis mejores amigos: que son tan sinceros, justos, imparciales y leales. Sin ustedes el mundo de los hombres sería mil veces más incomprensible.
Mis compañeros del trabajo: con quienes comparto la mayor parte de mi vida y a quienes admiro… aunque ellos no lo sepan.
A mi jefe: que es también mi amigo y a quien le admiro y le soy leal, se ha ganado mi entera confianza y respeto.
A mis exnovios: que me han hecho crecer, me han puesto en situaciones extremas y me han vuelto en gran parte quien soy (ahora entiendo malvados!!!)
A mis enemigos: que me han hecho llegar al extremo, que me han ayudado como nadie más poniéndome de cabeza.
…Creo que al final de cuentas, la lista no sería tan equilibrada porque algo bueno tuve que haber hecho para ser tan afortunada.
Reconozco que No soy un pan de Dios, y últimamente he cometido errores, algunos consensuados. Hace muchos años hice un ejercicio en la preparatoria, esos que son utilizados con los mocosos adolescentes que hacen gala del desorden que los rodea con sus acciones diarias. El ejercicio tenía que ver con enlistar defectos y virtudes, y como es de suponerse la lista de defectos era considerablemente superior a la de virtudes, las dichosas etiquetas que nos hemos pegado conforme pasa el tiempo y que para bien o para mal “forman” nuestra personalidad.
Hoy en día no me animo a hacer la lista, porque sé q mi estado mental no es el más alegre que he tenido, pero pese a ello la lista estaría casi equilibrada, equilibrio es más bien motivado por el amor de otros que me alimentan cada día y que sin que lo sepan me dan temple para levantarme temprano y pensar: ¡ánimo!
La lista será (gracias a Dios) larga, y quizá injusta al no incluir a todos quienes han hecho méritos no por falta de valor, si no por falta de memoria o espacio; pero como escribí en mi tesis: eso me pasa por no comer pasitas, diría mi abuelita.
Mis padres y hermano, incondicionales como yo a ellos.
Mi familia, quienes aparecen sin que los busque y quienes saben quién soy, más de lo que yo misma sé.
Mis mejores amigas: que son realmente una bendición y a veces una incógnita por tan rara que soy. ¿Cómo le hacen para quererme tanto? Saben que es recíproco.
Mis mejores amigos: que son tan sinceros, justos, imparciales y leales. Sin ustedes el mundo de los hombres sería mil veces más incomprensible.
Mis compañeros del trabajo: con quienes comparto la mayor parte de mi vida y a quienes admiro… aunque ellos no lo sepan.
A mi jefe: que es también mi amigo y a quien le admiro y le soy leal, se ha ganado mi entera confianza y respeto.
A mis exnovios: que me han hecho crecer, me han puesto en situaciones extremas y me han vuelto en gran parte quien soy (ahora entiendo malvados!!!)
A mis enemigos: que me han hecho llegar al extremo, que me han ayudado como nadie más poniéndome de cabeza.
…Creo que al final de cuentas, la lista no sería tan equilibrada porque algo bueno tuve que haber hecho para ser tan afortunada.
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